Los piercings en la lengua, labios y mejillas son una forma de expresión personal cada vez más común. Sin embargo, al colocarse directamente dentro o alrededor de la boca, las piezas metálicas permanecen en contacto constante con dientes, encías y tejidos blandos.
Aunque inicialmente un piercing puede parecer únicamente un accesorio estético, con el tiempo puede provocar problemas como desgaste dental, pequeñas fracturas, retracción de encías, acumulación de placa e irritación de los tejidos.
La American Dental Association advierte que los piercings orales pueden relacionarse con complicaciones como inflamación, sangrado, infección, dientes astillados, retracción de encías y lesiones de tejidos blandos.
La Dra. Miriam Hinojosa puede revisar si un piercing está comenzando a afectar alguna estructura de la boca y ayudarte a prevenir daños mayores.
¿Por qué un piercing puede lastimar los dientes?
Una de las situaciones más frecuentes ocurre cuando la pieza metálica golpea repetidamente los dientes.
Esto puede pasar al:
- hablar;
- comer;
- jugar con el piercing;
- morder la pieza;
- moverla constantemente con la lengua;
- dormir.
Aunque cada golpe parezca pequeño, la repetición durante meses o años puede generar desgaste o incluso fracturas.
Los piercings de lengua son especialmente relevantes porque la barra puede chocar contra los dientes anteriores o posteriores dependiendo de cómo la persona la manipule. La ADA identifica las fracturas, astillamientos y abrasión dental entre las complicaciones asociadas con este tipo de joyería oral.
Dientes astillados o pequeñas fracturas
Uno de los primeros signos puede ser encontrar un borde ligeramente irregular en un diente.
Al principio quizá no exista dolor. Sin embargo, una pequeña fractura puede evolucionar y provocar:
- sensibilidad;
- pérdida adicional de esmalte;
- daño de una restauración;
- molestias al masticar;
- necesidad de reconstruir el diente.
También pueden dañarse resinas, coronas o prótesis fijas si reciben impactos repetidos del piercing.
Por eso, si tienes un piercing y comienzas a notar bordes filosos o pequeñas fracturas, conviene revisarlos antes de que el daño aumente.
¿Qué pasa con las encías?
Los piercings colocados en labios pueden rozar constantemente contra la encía.
Con el tiempo, esta fricción puede contribuir a una retracción gingival, es decir, que la encía se aleje de su posición normal y deje expuesta una parte mayor del diente o de la raíz.
La retracción puede ocasionar:
- dientes que parecen más largos;
- sensibilidad;
- dificultad para limpiar ciertas zonas;
- mayor exposición de la raíz;
- cambios estéticos.
La ADA incluye la lesión y retracción gingival entre los efectos documentados de los piercings orales.
Una vez que se ha perdido tejido de encía de manera importante, no siempre vuelve a su posición original por sí solo.
Acumulación de placa alrededor del piercing
Una pieza colocada dentro de la boca también puede convertirse en una superficie donde se acumulan placa bacteriana y restos de alimentos.
Esto ocurre especialmente alrededor de:
- barras;
- anillos;
- broches;
- superficies cercanas a la perforación.
La ADA señala que los objetos utilizados en piercings orales pueden favorecer acumulación de placa y albergar bacterias relacionadas con enfermedad periodontal.
Por eso, una higiene cuidadosa es particularmente importante en personas que utilizan este tipo de accesorios.
Inflamación e infección
Realizar una perforación implica crear una herida.
Durante el proceso de cicatrización pueden aparecer inflamación y dolor. La boca contiene una gran variedad de microorganismos, por lo que mantener limpia la zona es fundamental.
Entre las señales que pueden indicar una posible infección se encuentran:
- dolor que aumenta;
- inflamación persistente;
- secreción;
- mal olor;
- enrojecimiento intenso;
- sensación de calor en la zona.
La ADA también menciona infecciones y secreciones anormales entre las posibles complicaciones de los piercings orales.
Si la inflamación aumenta rápidamente o dificulta respirar o tragar, se requiere atención médica inmediata.
Jugar con el piercing aumenta el riesgo
Mover la pieza con los dientes puede convertirse rápidamente en un hábito.
Algunas personas:
- muerden la barra;
- golpean el piercing contra los dientes;
- lo giran constantemente;
- lo empujan con la lengua;
- lo colocan entre los dientes al pensar o concentrarse.
Este comportamiento aumenta considerablemente el contacto con esmalte y encías.
La ADA señala que hábitos como morder, rodar o manipular la joyería oral son una causa importante de daño dental a largo plazo.
Evitar jugar con la pieza puede disminuir parte del riesgo, aunque no elimina todos los posibles problemas asociados con su uso.
¿Puede afectar el habla o la forma de comer?
Dependiendo de su ubicación y tamaño, un piercing puede interferir inicialmente con movimientos normales de la lengua.
Algunas personas pueden notar:
- dificultad para pronunciar ciertas palabras;
- incomodidad al masticar;
- cambios al tragar;
- exceso de saliva.
Estos problemas pueden mejorar conforme la persona se adapta, pero si persisten es recomendable realizar una revisión.
¿Qué pasa si la pieza se afloja?
Los extremos de algunos piercings pueden desenroscarse.
Esto crea otro riesgo: que una parte de la joyería sea tragada o aspirada accidentalmente.
Aunque no es lo más frecuente, la ADA incluye la ingestión o aspiración de partes de la joyería entre las posibles complicaciones de los accesorios orales.
Por eso, es importante revisar periódicamente que la pieza se encuentre en buenas condiciones y correctamente ajustada.
¿Hay que quitar el piercing para ir al dentista?
Depende del tratamiento.
En algunas revisiones puede permanecer colocado, pero puede ser necesario retirarlo para determinados procedimientos o estudios.
La joyería metálica puede interferir con algunas radiografías al ocultar estructuras importantes.
Antes de realizar un estudio, la Dra. Miriam Hinojosa puede indicarte si es necesario retirarlo temporalmente.
Cómo cuidar mejor la boca si tienes un piercing
Si decides conservarlo, la higiene debe recibir especial atención.
Algunas medidas útiles incluyen:
- cepillarte correctamente al menos dos veces al día;
- utilizar pasta dental con flúor;
- limpiar entre los dientes;
- mantener limpia la zona alrededor del piercing;
- evitar jugar con la pieza;
- revisar periódicamente dientes y encías;
- estar atento a inflamación, secreción o dolor.
La ADA recomienda mantener una rutina adecuada de higiene oral y vigilar signos de infección en personas con piercings.
También es importante observar si la pieza golpea siempre el mismo diente o la misma zona de la encía.
Señales de que el piercing ya podría estar causando daño
Conviene realizar una valoración si notas:
- una encía que se está retrayendo;
- dientes con bordes desgastados;
- pequeñas fracturas;
- sensibilidad nueva;
- inflamación alrededor de la perforación;
- sangrado frecuente;
- secreción;
- mal olor persistente;
- dolor al mover la lengua;
- restauraciones dañadas.
No es necesario esperar hasta que el diente se fracture completamente.
Detectar el daño temprano puede permitir tratamientos mucho más conservadores.
Qué puede revisar la Dra. Miriam Hinojosa
Durante una valoración se puede revisar:
Dientes
Para identificar desgaste, grietas, fracturas o restauraciones dañadas.
Encías
Para detectar retracción, inflamación o zonas que reciben constantemente el impacto de la joyería.
Lengua y tejidos blandos
Se revisan irritaciones, heridas, inflamación y otras alteraciones alrededor de la perforación.
Higiene
También se observa si existe acumulación importante de placa o sarro alrededor del piercing y de los dientes cercanos.
Mordida
Puede evaluarse si la pieza está interfiriendo con la forma normal de cerrar o mover la boca.
¿Significa que todo el que tiene un piercing tendrá problemas?
No necesariamente.
El tipo de pieza, ubicación, tiempo de uso, hábitos y características de cada persona influyen en el riesgo.
Sin embargo, la presencia de un piercing sí añade un elemento que puede entrar repetidamente en contacto con dientes y tejidos. Por eso, las revisiones periódicas permiten comprobar que no esté provocando cambios que inicialmente pasan desapercibidos.
La ADA recomienda evitar los piercings cosméticos dentro y alrededor de la boca debido a los posibles efectos adversos asociados con ellos.
Protege tus dientes antes de que aparezca una fractura
Un piercing puede parecer completamente estable mientras lentamente desgasta un diente o provoca retracción en una encía. Muchas veces estos cambios no generan dolor durante sus primeras etapas, por lo que pueden pasar desapercibidos durante meses.
Observar regularmente dientes, encías y tejidos ayuda a identificar señales tempranas y tomar decisiones antes de que sea necesario realizar tratamientos más complejos.
La Dra. Miriam Hinojosa puede ayudarte a determinar si tu piercing está afectando tu salud bucal y qué medidas pueden reducir el riesgo de continuar dañando dientes o encías.
Si utilizas un piercing en lengua o labio y has notado sensibilidad, encías retraídas, pequeñas fracturas o simplemente quieres comprobar que todo se encuentra en buenas condiciones, agenda una valoración con la Dra. Miriam Hinojosa.
Una revisión oportuna puede ayudarte a proteger tus dientes, encías y tejidos, además de evitar que un pequeño desgaste termine convirtiéndose en un problema mayor.